Y TÚ, ¿QUIÉN ERES…?

Si nos pararan por la calle y nos preguntaran: “¿quién eres?” algunos se auto definirían en relación a la profesión que desempeñan dando respuestas del tipo “soy jardinero”, “soy profesor” o “soy abogada”. Otros harían uso de su lugar de origen para definirse  y dirían algo así como“soy holandés” o “soy española”; y hay incluso (creo que la gran mayoría) que responderían a la gallega formulando otra pregunta “¿cómo que quién soy?, ¿a qué me dedico? o ¿de dónde soy?“. Todo ello obedece al concepto de rol en cada uno de nosotros. Desde la psicología social se define el rol como un conjunto de patrones comportamentales esperados que se atribuye a alguien que ocupa una determinada posición en una unidad social. En realidad hay una gran diferencia entre SER, ESTAR y HACER. Desde el punto de vista psicológico somos, entre otras muchas cosas, lo que pensamos, lo que sentimos y lo que hacemos en continua correlación. Lo malo es que en ocasiones sólo prestamos atención a la conducta final, olvidando o descuidando que hay emociones y pensamientos que preceden a nuestra actuación y no siempre nos encaminan bien; no por ser negativos en sí mismos, ya que por muy negativos que sean existen y hay que aceptarlos, sino por no sabernos manejar bien con ellos cuando aparecen.

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Entrando en el terreno más social y menos introspectivo respecto a quienes somos, el rol es el papel que jugamos cada uno de nosotros en este gran escenario llamado sociedad. La particularidad de este guión es que a cada uno de nosotros no se nos asigna un solo papel, sino que debemos interpretar y desarrollar diversos roles en nuestra vida diaria, de manera que somos entendidos y definidos en función del papel desempeñado en cada momento (sin dejar de ser nosotros mismos, en esencia, en cada una de las escenas). La comprensión del comportamiento humano obedece, en muchas ocasiones, a la captación del rol que una persona está desempeñando en un momento dado. Y de ahí surgen, injustamente, las temidas etiquetas “mal hijo”, “mala madre”, “pésimo profesional”, “pianista desastrosa” y otros lindos carteles en neón. En torno a este concepto, y desde el ámbito de la psicología social, se habla de diversas variables relacionadas con el rol: la identidad, la percepción, la expectativa y el conflicto.

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  • IDENTIDAD: Es la compatibilidad de todas nuestras acciones en relación al papel que desempeñamos, de ahí que las actitudes de un subdelegado cambien cuando es asignado a director general (los comportamientos vinculados a la dirección no son los mismos que los comportamientos propios de un subordinado). A mí el tema de la identidad me genera ciertas situaciones divertidas cuando me siguen viendo como la “psicóloga” en casa y me sueltan aquello de “parece mentira que seas…”. “¿Que sea humana?“, pienso yo. Mis queridos colegas de profesión seguro que sonríen y me entienden a la perfección en este sentido. ¡Ay, qué cruz llevamos con esto, queridos psicos!.
  • PERCEPCIÓN: Éste es el terreno de cómo creemos que se debe comportar uno en una situación determinada en base a las propias creencias (qué es lo que creemos que debemos hacer en el papel de padre, hija, director de empresa, empleada o amigo). Cuidado porque si las creencias son erróneas o distorsionadas nuestra auto percepción es engañosamente negativa. No debemos machacarnos con lo que mal que desempeñamos un rol determinado sino qué creencias arraigadas se esconden tras la ejecución del mismo.

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  • EXPECTATIVA: Es la percepción externa de los demás de acuerdo a lo que se espera de nosotros (cada uno de nosotros tiene unas expectativas respecto a cómo debe actuar un político, un médico o una policía en un momento concreto). Si estas creencias están extendidas en la sociedad y son generalizadas, se construye el estereotipo de rol de manera que se estandarizan los comportamientos propios de un rol determinado, favoreciendo la inflexibilidad de actuación ya que cada uno de nosotros actúa de acuerdo con lo que socialmente es aceptado, generando posturas rígidas lejanas a la libertad de comportamiento del individuo. La expectativa esclaviza un poco, la verdad. Siempre he creído que grandes expectativas generan grandes frustraciones.
  • CONFLICTO: Éste ya toca un poco las narices y es una de la mayores fuentes de malestar psicológico. Hace referencia al conflicto de rol fruto de: la ambigüedad en la información (no tener claras las directrices de comportamiento), de la creación de expectativas erróneas (creer que se debe actuar de un modo determinado sin establecer claramente qué define el rol en sí) y en otras ocasiones se produce un solapamiento de roles incompatible o mal gestionado (el padre que a su vez es jefe de su hijo), en cuyo caso debe definirse claramente la situación para desenvolverse correctamente (en la oficina es el jefe pero deja de ser padre y en casa es padre pero deja de ser el jefe).

 

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No eres sólo lo que haces, ni siquiera te define en tu totalidad lo que piensas o lo que puedas llegar a sentir en un momento determinado. Eres el conjunto de todo ello, integrado en un ser único e irrepetible. De vez en cuando te aliviará decirte “estoy” en vez de “soy” y habrá ocasiones en las que no te quedará otra que “hacer” o “ejercer de”.  Lo que debes buscar siempre, independientemente de lo que HAGAS, es SER libre y autónomo; tanto de ciertas circunstancias, de algunas personas así como de pensamientos o emociones que pueden llegar a esclavizarte.  Lo que está claro es que en el proceso de auto definirte juega un papel clave la identificación con aquello que haces, pero ten en cuenta que lo que en realidad te define es lo que ERES porque, como decía Goethe, «uno tiene que SER algo para poder HACER algo». Y tú, ¿quién eres o quién quieres ser?

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